Friday
Nov182011

Colección "Providence"

 

"Cuando me llegaron los últimos días, y las feas trivialidades de la vida me hundieron en la locura como esas gotas de agua que el torturador deja caer sin cesar sobre un punto del cuerpo de su víctima, dormir se convirtió para mí en un refugio luminoso. En mis sueños encontré un poco de la belleza que había buscado en vano durante la vida, y pude vagar por viejos jardines y bosques encantados". H. P. Lovecraft.

Monday
Oct032011

La moda antes de Zapruder - Fashion before Zapruder

 

Más allá de la fascinación retro, de las tendencias y de la nostalgia, hay épocas que con el tiempo superan a la propia Historia y quedan grabadas a fuego en el inconsciente colectivo.

El recuerdo acaba convirtiéndolas en arquetipos estéticos de belleza que se reelaboran y se estilizan una y otra vez generación tras generación de forma obsesiva. Y así, todo el mundo acaba teniendo recuerdos de algo que nunca ha existido. No es tan extraño.

Por ejemplo, si pronunciamos las palabras mágicas “Norteamérica años 50”, automáticamente se abre en nuestras mentes uno de esos portales hacia la dimensión desconocida. Aparecen imágenes cargadas de un diseño extremo. En esas imágenes todo tiene que lucir al máximo. Todo es espléndido y hermoso. Todo brilla y es liviano. Tanto que es fácil sentir la corriente soterrada de bajas pasiones que corre por debajo de vestidos de vuelo perfecto y patrones milimétricos. El grito ahogado en la sonrisa recatada.

Al parecer, fue breve y al parecer no ocurrió hace tanto tiempo, pero tal y como lo recordamos bien podríamos estar hablando de un universo paralelo. Un universo siniestramente parecido al nuestro pero más encantador. Pero como en una buena historia de ciencia ficción, por ello más peligroso.

Después,  Abraham Zapruder rodó un magnicidio en 8 mm, las puertas de la dimensión desconocida se cerraron de golpe y la gente comenzó a recordar las cosas a su manera, no necesariamente como ocurrieron.


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Beyond retro fascination, trends and nostalgia, there are eras in which, with time, they become much more than history and become burned into the collective subconscious.

The memory ends up converting them into aesthetic archetypes of beauty that become remade and stylized again and again, generation after generation, to the point of being obsessive.  And this, this is how everyone ends up with memories of things that never existed.  It's not that unusual.

For example, if we say the magic words "1950s North America",  one of these portals to this unknown dimension automatically opens.  Images thick with extreme design appear.  And in these images everything must shine maximally.  Everything is splendid and beautiful.  Everything sparkles and everything is frivolous.  So much so that it is easy to feel the hidden current of subtile passions that run underneath the perfect circle-skirted dresses and precise patterns.  The hidden scream within the demure smile.

Seemingly, it was short and, seemingly, it didn't happen that long ago.  But because of the way we remember it, we could be talking about a parallel universe.  A universe catastrophically similar to ours, but much more charming.  But, just as in any good science fiction story, much more dangerous.

Later, Abraham Zapruder recorded an asassination in 8mm, the doors to the unknown dimension slammed shut, and people began to remember things the way they wanted to remember them, not necessarily how they happened.

Monday
Oct032011

Moda Y Arte.

Basta ver cualquier telediario para comprobar cuanto ha crecido en los últimos tiempos la lista de actividades que han alcanzado la respetable condición de disciplina artística.

Es muy posible que la palabra “arte” sea una de las más repetidas en el telepronter de cualquier presentador de informativos. La publicidad, la moda, la cocina, la papiroflexia, el baile en barra americana, enroscar bombillas… lo difícil es pensar en alguna actividad que se resista a entrar en la lista, el asesinato, tal vez.

Sunday
Oct022011

Bienvenidos a MANDERLAY...

Mi nombre es Mónica Manderlay. Creé mi propia firma de moda en 2009. Lo que me enseñó  mi abuela es lo más parecido que he tenido a unas clases de diseño y moda. Empecé haciendo cosas para mí y así hasta donde estoy ahora. Supongo que eso me convierte en autodidacta.

Desde siempre me ha llamado la atención todo lo que tenía que ver con la década de los 50 en Norteamérica: las películas, la música, las revistas, los anuncios, las casas… la ropa es parte de ello. Es más que un estilo o una tendencia. La moda no es lo único que me interesa de todo esto, solo una pequeña parte aunque por mi trabajo es la parte que hago más visible. Mi trabajo es un portal hacia ese otro universo paralelo.

Visto desde nuestros días, la Norteamérica de los años 50 parece un espejismo, un hechizo, un precioso universo alternativo que invadió nuestra realidad, una elegante alucinación colectiva que no ha vuelto a repetirse desde entonces. Y por todo eso, también tiene mucho de inquietante. No sé si realmente fue así pero me importa poco. Soy diseñadora, no historiadora.

Lo que me atrae de épocas pasadas tiene poco que ver con la nostalgia o con la realidad social o histórica de la época y mucho con el mito, con la imaginación y el misterio.

Mi preocupación es que salga algo verdadero, no hacer un pastiche, una imitación aparente pero falsa e insípida, que es la gran trampa en la que puedes caer cuando te obsesionas con recrear un estilo de antaño.

Mi única obsesión es crear el vestido del que cualquier mujer se pueda enamorar para siempre.

Las colecciones surgen de esas prendas que me muero de ganas por diseñar… y simplemente las hago. Ellas se encargan de dar forma a la colección por sí mismas. Así ha ocurrido hasta ahora y de momento, así sigue pasando.

Trabajo la alta costura porque me gusta controlar todos los aspectos en la creación de una prenda. No suelo diseñar. Trabajo sobre maniquí directamente, y así voy creando el patrón. Yo misma coso cada una de mis prendas. Le doy mucha importancia a la confección, precisamente porque la prenda nace de ese proceso y no del dibujo. Hay un punto en que la prenda adquiere su identidad. A veces ese punto es el patrón, otras la costura y a veces incluso el planchado. He de estar atenta.

Lo que me hace vibrar es un vestido bien confeccionado, con los detalles justos y en su sitio y saber que es una prenda única e irrepetible.                                                       

Todo eso y la idea del crimen perfecto.